Transición, consolidación e hybris. Lecciones del colapso de la democracia venezolana

Por Héctor Briceño. 

The person who first noticed the distinctive character of

democratic hubris—­ how it is consistent with the dynamism

of democratic societies, how democratic adaptability goes

along with democratic drift—­ was Tocqueville (…)

Ever since Tocqueville wrote nearly two hundred years ago,

people have been arguing about whether he was really an

optimist or a pessimist about democracy. The truth is that

he was both, and therefore neither. The grounds for demo-

cratic optimism were the source of Tocqueville’s fundamen-

tal worries about democracy (…) He did not share either the

concerns of the traditional critics of democracy or the hopes

of its modern champions.

 

David Runciman

The Confident Trap

  

 

Inicialmente hay que compreder qué es lo que hemos ganado.

Giovanni Sartori

La democracia después del Comunismo



(U)n optimismo tenaz y casi inconsciente parece haber prevalecido

sobre el sentimiento generalizado de la existencia de una grave crisis.

Frank Bonilla

El Fracaso de las élites




Las transiciones políticas son procesos complejos que generan consecuencias duraderas. Una transición hacia la democracia implica el paso de un orden institucional autoritario a otro democrático. Nuevas reglas y leyes ordenan las acciones políticas. Nuevos actores participan en las tomas de decisiones. Y por encima de todo, la voz de los ciudadanos pasa al centro de formación de las políticas públicas.

 

Pero durante las transiciones también se construyen las normas, valores e ideales de justicia, democracia y libertad que darán forma al incipiente sistema político. La impronta de la transición se graba en la conciencia colectiva trascendiendo las estructuras sociales, pudiendo transformarse tanto en el motor, como en la principal enemigo del desarrollo democrático.

 

La mayoría de los países latinoamericanos no han logrado superar las estructuras e instituciones de la transición para desarrollar democracias de calidad. Estancadas en trampas institucionales que las originaron, no logran construir nuevos consensos que les permitan avanzar y saldar las deudas de expectativas ciudadanas.

 

Diversos estudios muestran que, aunque las reglas del juego democrático se encuentran más o menos consolidadas en Latinoamérica, pero los mejores registros en índices de calidad de las democracias latinoamericanas se encuentran poco tiempo después de la transición. Es decir, que lo que las democracias latinoamericanas son hoy es, en gran parte, lo que lograron durante la transición.

 

Y aún más, en contra de toda intuición, la consolidación democrática en vez de marcar un nuevo punto de partida que propulsa el camino hacia una democracia de calidad tiende convertirse en un obstáculo. Es decir, con el paso del tiempo las democracias latinoamericanas tienden a estancarse, y en algunos casos incluso, a retroceder.

 

Venezuela es un claro ejemplo. Luego de la transición a la democracia en 1958, los dos primeros gobiernos registraron significativos avances institucionales que permitieron la consolidación democrática entre los años 1969-1974.

 

Los gobiernos de Bethancourt (1959-1964) y Leoni (1964-1969) lograron sofocar los principales focos conspirativos y arrinconar a los enemigos de la democracia. En el Barcelonazo, Carupanazo, Porteñazo, el tren del Encanto, desembarco en Machurucuto, entre muchos otros alzamientos, radicales de izquierda y derecha fueron derrotados, sentando las bases para el posterior proceso de pacificación.

 

La llegada del primer gobierno del partido social cristiano Copei, marcaría un punto de inflexión al registrar por primera vez en la historia venezolana la entrega del poder a un líder del partido opositor de forma pacífica, una clara señal de que la institucionalización democrática había sido alcanzada.

 

Quedó claro que, a partir de entonces, las elecciones se serían el único mecanismo legítimo para que los opositores alcanzaran al poder.

 

El acuerdo de gobernabilidad y defensa de la democracia de lis líderes políticos del 58, conocido como Pacto de Puntofijo, dejo de ser relevante, al menos como mecanismo de protección de la incipiente democracia de sus enemigos.

 

Superada la necesidad de un gobierno de unidad nacional, para la protección de la democracia, tal como establecía el artículo 3, punto 2 del pacto “Si bien el ejercicio del Poder por un partido es consecuencia legítima de una mayoría electoral, la suerte de la democracia venezolana y la estabilidad del Estado de derecho entre nosotros imponen convertir la unidad popular defensiva en gobierno unitario cuando menos por tanto tiempo como perduren los factores que amenazan el ensayo republicano iniciado el 23 de enero; el gobierno de Unidad Nacional es el camino para canalizar las energías partidistas y evitar una oposición sistemática que debilitaría el movimiento democrático. Se deja claramente sentado que ninguna de las organizaciones signatarias aspira ni acepta hegemonía en el Gabinete Ejecutivo, en el cual deben estar representadas las corrientes políticas nacionales y los sectores independientes del país, mediante una leal selección de capacidades”.

 

El gobierno del socialcristiano Rafael Caldera, luego de la victoria electoral de 1968, se convertiría en el primero con un gabinete unipartidista.

 

{Durante el gobierno de Rómulo Betancourt,
la primera prioridad del régimen
era la de atender a su supervivencia
frente a amenazas directas de izquierda y derecha.
Esta prioridad va cediendo durante
el subsiguiente gobierno de Raúl Leoni
y pasa todavía más a un segundo plano
durante el período de Caldera, cuya agenda
de gobierno está mayormente determinada por la
resolución operativa de los problemas que planteaba
la realización de los planes generales
de desarrollo económico, estabilización
y modernización política y asistencia social
que se habían puesto trabajosamente en marcha
en los gobiernos anteriores}


El gobierno de Caldera se convertiría así en el primero post-consolidación democrática y el último en registrar progreso democrático significativo.




La consolidación generó la larga trampa de la confianza. Hybris: sin amenazas, la democracia muere de arrogancia (Runciman, 2013). Confiados en la superioridad democrática, en la capacidad de superar las crisis, y en los éxitos pasados*, la democracia venezolana se creía predestinada a perdurar eternamente.

 

No es que las crisis no fuesen percibidas. Tampoco que no se intentaran gestionar. La democracia se concibe como un proceso precisamente porque institucionaliza la gestión de las crisis. Los parlamentos, la libertad de prensa, la libertad académica, los partidos, la sociedad civil, entre muchos otros, son instituciones que precisamente hacen eso. Reflexionan, debaten y proponen continuamente sobre la salud y remedios del sistema político.

 

En ese sentido, el propio Estado venezolano creo una instancia que funcionó durante más de 15 años y a través de 3 períodos presidenciales, entre 1984 y 1998, cuyo único propósito era diagnosticar los problemas de la democracia y proponer soluciones. La Comisión Presidencia para la Reforma del Estado (COPRE) tuvo como principal objetivo “Elaborar un proyecto de reforma integral del Estado”. No una reforma parcial. Tampoco sectorial o institucional. Una reforma integral del Estado.


No había dudas sobre la percepción de la crisis. El problema fue la incapacidad de implementar correctivos a tiempo**, debido a la incapacidad de percibir que la crisis degeneraba en terminal. Excesiva confianza.

 

{(L)a lapidaria frase (…) que resumía la actitud de los miembros

de la élite venezolana ante la situación del país:

“A menos que se haga algo decisivo acerca

de la situación de los pobres en Venezuela,

el desastre seguramente nos atrapará.

Probablemente poco o nada será hecho.

Todo resultará bien”.

Esa mezcla de diagnóstico

catastrófico, parálisis política y optimismo

infundado le parecía a Bonilla

la esencia del fracaso de nuestras élites}

Gómez Calcaño

***

 

Venezuela en una tercera transición democrática debe trascender los errores pasados. Hybris es mala consejera. La grandilocuencia de los meta-relatos populistas actuales (de izquierda y derecha) alimentan la ficción de la inevitabilidad democrática, el culto al determinismo histórico y al último hombre, que tanto han contribuido a la actual ola autoritaria global.

 

Al contrario, el análisis continuo de los retos democráticos, la justa ponderación y medida de los retos sociopolíticos, y su incorporación en narrativas, simultáneamente esperanzadoras y responsables, que promuevan una visión de futuro, son una condición sine qua non para el desarrollo democrático.

 

Pero los diagnósticos acertados no son suficientes para corregir el rumbo. El reto de una nueva democracia es institucionalizar la gestión de la crisis en el centro del sistema democrático. Es decir, desarrollar un mecanismo constitucional que permita la permanente evaluación y monitoreo del sistema político, así como la generación de propuestas de políticas públicas. Pero aprendiendo de los errores pasado, debe trascender la simple producción de propuestas y tener poder de incidencia sobre el diseños y ejecución de las políticas públicas.

 

Por supuesto, el único espacio en el que semejante institución puede desarrollarse es el parlamento. Pero ello no es suficiente. Debe contar también con la participación activa del ejecutivo, así como algún mecanismo vinculante sobre las políticas públicas. Esto podría ser una vía para transitar de la transición a la consolidación democrática, y de allí hacia la construcción de una democracia de calidad para los ciudadanos.


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Apendice:


Tabla 1. Órganos de institucionales de análisis y evaluación de crisis políticas, varios países

País

Órgano

Ubicación Institucional

Mandato  Principal

Tipo de Incidencia

Rasgo   Institucional

Tipo de Poder Institucional

Finlandia

Comité del Futuro (Eduskunnan tulevaisuusvaliokunta)

Comisión permanente del Eduskunta

Evaluación prospectiva y análisis sistémico de largo plazo

Influye en agenda legislativa y planificación estratégica

Institucionaliza la anticipación estratégica dentro del Legislativo

Poder prospectivo estructural(anticipación ex ante de transformaciones sistémicas)

Suecia

Consejo de Política Fiscal (Finanspolitiska rådet)

Órgano independiente con vínculo parlamentario

Supervisión de sostenibilidad fiscal y evaluación económica

Informes públicos obligan respuesta formal del Ejecutivo

Disciplina fiscal vía rendición de cuentas pública

Poder fiscal preventivo(control reputacional y normativo ex ante)

Reino Unido

Office for Budget Responsibility

Independiente, integrado al ciclo presupuestario parlamentario

Validación técnica de previsiones macroeconómicas

Condiciona diseño presupuestario ex ante

Evaluación estructural dentro del proceso decisorio

Poder técnico vinculante indirecto(condicionamiento procedimental obligatorio)

Alemania

Consejo Alemán de Expertos Económicos (Sachverständigenrat)

Órgano asesor federal con interlocución parlamentaria

Informe anual obligatorio sobre situación económica

Influencia política y mediática; orienta reformas

Monitoreo institucionalizado con capacidad de agenda

Poder de agenda experto(influencia estructural sin coerción formal)

Estados Unidos

Government Accountability Office (GAO)

Órgano técnico del Congreso

Auditoría y evaluación de desempeño gubernamental

Puede detonar reformas legislativas y administrativas

Evaluación permanente con efectos prácticos

Poder de control ex post robusto(scrutiny con impacto operativo)

Chile

Consejo Fiscal Autónomo

Organismo autónomo con interacción Ejecutivo–Congreso

Supervisión del cumplimiento de la regla fiscal

Ejecutivo debe responder formalmente

Anclaje normativo con efectos reputacionales y procedimentales

Poder fiscal reputacional institucionalizado

México

Instituto Nacional Electoral

Órgano constitucional autónomo

Monitoreo de integridad electoral y riesgos de conflictividad

Prevención de crisis electorales

Autonomía constitucional y capacidad regulatoria electoral

Poder preventivo democrático-electoral


Notas:

Y también en la riqueza petrolera.

** Los correctivos implementados (en específico la descentralización), adicionalmente, generaron nuevos retos que tampoco fueron gestionados, que generaron nuevas expectativas, y que se sumaron a las ya adeudadas. 

*** Gómez Calcaño hace referencia al estudio de Frank Bonilla (1972) El Fracaso de Las élites, p.401.

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