El novel excepcionalísimo autoritario venezolano
Por Héctor Briceño.
La ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz 2025 puso en la agenda pública global la lucha por la democracia en Venezuela, legitimando internacionalmente a María Corina Machado (MCM) como principal líder opositora frente al autoritarismo de Nicolás Maduro.
El discurso del presidente del Comité Noruego Jørgen Watne Frydnes describió los detalles de la deriva autoritaria global, situando a Venezuela en su epicentro como uno de los casos actuales más represivos, mientras que en el discurso de aceptación del premio (junto a posteriores entrevistas y ruedas de prensa) María Corina Machado retrató las crueldades del régimen chavista y sus prácticas represivas, definiendo al régimen como un Estado fusionado “con el crimen organizado y con grupos terroristas internacionales”.
Este diagnóstico inicial constituye la clave y punto de partida de la estructura argumentativa de la Nobel de la Paz 2025 para definir un nuevo tipo de excepcionalísimo venezolano[1], según el cual el autoritarismo chavista no es comparable con ningún otro régimen político global actual ni histórico. Su carácter criminal-terrorista junto con la asistencia recibida de países autoritarios, da forma a un nuevo tipo de régimen político, definido a partir de sus medios y fines de dominación.
Las vinculaciones internacionales del régimen autoritario generan una lucha política desigual entre una población con deseos de cambio y una alianza de organizaciones que controlan al Estado y sus instituciones represivas, subordinándolo a sus fines criminales globales. Adicionalmente, la participación activa de otros países y organizaciones criminales internacionales en el control político y social de la población venezolana constituye, en sí misma, una incuestionable intervención extranjera en los asuntos nacionales.
Un segundo componente central del discurso de Machado es la división del concepto de cambio de régimen en dos tiempos, separando el mandato popular de su implementación política. La elección presidencial de 2024 representa, en este sentido, más que una demanda de cambio democrático, una resolución popular cuya implementación efectiva ha sido postergada.
Así, argumenta que el cambio de régimen tuvo lugar durante las elecciones presidenciales 2024, y ahora solo es necesario implementarlo. Al separar los dos momentos busca homologar el período actual a la idea de transición, período en el cual dos sistemas se solapan temporalmente mientras se sustituyen progresivamente viejas prácticas, instituciones y actores.
Sin embargo, la aplicación efectiva de la voluntad popular solo será posible con apoyo internacional. La presión internacional tiene, en ese sentido, la función de equilibrar la desigual lucha política venezolana, por lo que el apoyo internacional no constituye una intervención extranjera, sino al contrario, un respaldo imprescindible para restaurar la soberanía popular.
En resumen, el discurso de María Corina Machado se basa en tres tesis concatenadas en una secuencia lógica: la tesis del nuevo excepcionalísimo autoritario venezolano; la tesis de cambio de régimen en dos tiempos; y la tesis del reequilibrio político para la restauración de la soberanía popular.
Cada una de las tres tesis presenta tanto fortalezas como debilidades, la más importante de todas es lograr presentarse como argumentos novedosos, aunque en realidad han estado presentes en el discurso político opositor desde la llegada del chavismo.
La tesis del nuevo excepcionalísimo autoritario chavista cumple una función exculpatoria por la continuidad del chavismo luego de 26 años. También una función victimizante y autocondescendiente. El gobierno chavista no ha sido derrotado porque es un régimen novedoso cuyos mecanismos de funcionamiento aún no han sido descifrados.
La tesis del excepcionalísimo también continúa una larga tradición antipolítica, al trasladar la lucha por la democracia del ámbito político al criminal. El gobierno chavista no ha sido derrotado por sus vinculaciones con el mundo criminal y terrorista internacional. No obstante, al criminalizar la política invalida toda acción política, incluso la propia. El crimen se combate con soluciones policiales, no políticas, por lo que los protagonistas de la lucha no son los actores políticos, sino policiales o militares.
Por su parte, la tesis de la división del concepto de cambio de régimen (y de transición) en dos tiempos se inspira en el clásico voluntarismo político opositor que confunde acción con voluntad política.
La característica definitoria de un régimen autoritario es la imposición de la voluntad del liderazgo autoritario sobre la voluntad popular, y no la ausencia de voluntad o mandato popular. En ocasiones, un régimen puede ejercer un poder autoritario por mandato popular. La Venezuela chavista, al menos hasta 2010, es uno de esos lamentables casos en los que la mayoría eligió las instituciones autoritarias por sobre las democráticas. Ello, por cierto, no convierte al régimen en uno democrático.
Por tanto, la formación y expresión de la voluntad popular no implica en lo absoluto cambio de régimen. Muy al contrario, el cambio de régimen implica exclusivamente la sustitución de la voluntad autoritaria por la voluntad popular o por instituciones que permitan su formación y expresión posterior. En ese mismo sentido, solicitar a un gobierno autoritario que reconozca la voluntad popular, es solicitar al régimen autoritario que renuncie a su esencia autoritaria para convertirse en demócratas.
Esta teoría de cambio político anuló la política opositora, profundizando la división interna. La hegemonía que logró el discurso de la Nobel de la Paz inhibió casi toda acción política opositora dentro del país. Todos los que participan en los espacios nacionales son considerados colaboracionistas, o normalizadores.
Pero el nuevo excepcionalísimo tuvo una vida corta. Logró total hegemonía y deslegitimó a todos los líderes opositores alternativos.
Pero la intervención estadounidense del 03 de enero de 2026 cambió la dinámica por completo. La doctrina Trumpista desconoce excepcionalísimo alguno, y reacciona a los retos políticos globales de la forma más tradicional: imponiendo su poderío militar para garantizar sus propios intereses.
El discurso del excepcionalísimo se revirtió, y como búmeran, deslegitima a María Corina Machado como posible líder de una transición. En palabras del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio: "María Corina es fantástica (..) es parte de todo ese movimiento, pero la realidad es que, desafortunadamente, la mayoría de la oposición no está presente en Venezuela". En Venezuela no hay oposición. La que está ha sido desacreditada.
Por ello, Trump apuesta al chavismo para asegurar sus intereses. El discurso de la narcodictadura se ha agotado con la detención de Nicolás Maduro. Con él, el excepcionalísimo venezolano a caducado.
Es momento de reconstruir un nuevo discurso, que ponga la democracia en el centro y no en la periferia. Que incluya todos los esfuerzos en vez de hegemonizar. La historia reciente de Venezuela demuestra que el populismo excluyente rinde frutos, pero que estos se marchitan rápidamente.
[1] La vanagloria y autoadulación del sistema político venezolano como un sistema excepcional ha estado presente en los análisis del sistema político venezolano al menos desde los años ochenta, orientados por una mezcla de provincialismo (¿ombliguismo?) y voluntarismo, sustentado en una ilusión de prosperidad económica, política y social financiada por la renta petrolera. Ellner, S., & Salas, M. T. (2005). Introduction: The Venezuelan Exceptionalism Thesis Separating Myth from Reality. Latin American Perspectives, 32(2), 5–19.
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