Traición, desconfianza y apaciguamiento. Delcy contra el resto del mundo
Por Héctor Briceño.
Las expectativas están desbordadas. En todas partes. Más de dos décadas contenidas anhelan el retorno de la democracia. Pero el mundo debe esperar.
Maduro ha sido capturado por los Estados Unidos, en una misión que deja grandes interrogantes. ¿Cómo pueden aviones y helicópteros norteamericanos ingresar en espacio aéreo venezolano y sobrevolar la base militar más importante sin encontrar grandes resistencias? ¿o en su defecto, anularlas tan rápidamente?
Medios de comunicación señalan la participación de agentes encubiertos, incluso dentro del círculo más cercano de Nicolás Maduro. Aún así, la poca resistencia encontrada apunta a una colaboración mucho más estrecha y de más alto nivel.
Las conversaciones entre el gobierno de Trump y la vicepresidenta son ahora también públicas. Y la rapidez con la que la vicepresidenta ha tomado control (nominal) del poder, confirma la hipótesis.

A través de un ejercicio de gimnasia constitucional, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró la ausencia forzosa del presidente Nicolás Maduro, he invocando el artículo 234[1] de la Constitución, designó a la Vicepresidenta como Presidenta encargada. Con ello dispone de un máximo de 180 días, dividido en dos períodos de 90: el primero que comenzó el 03 de enero y culmina el 03 de abril, y el segundo, una extensión de 90 días adicionales (hasta el 02 de julio de 2026) otorgado por la Asamblea Nacional, para lo cual la ausencia forzada debe decretarse absoluta.
Esto implica que la cuenta regresiva ha comenzado y que los actores involucrados deben llegar a un consenso, al menos parcial, antes del 03 de abril y a un consenso total antes del 02 de julio.
A partir de esa fecha debería aplicase el artículo 233[2], según el propio legalismo chavista, y convocar a elecciones presidenciales, a más tardar el 02 de septiembre de 2025.
De una única crin de caballo
Con la captura de Maduro el argumento principal del Presidente Donald Trump se agotó. Han desmantelado la banda criminal, el llamado “Cartel de los Soles”, al aprehender a su líder máximo, por lo que no parecería necesario emprender nuevas acciones. Sin embargo, el discurso se ha transformado en cuestión de minutos.
Durante la rueda de prensa el Presidente de Trump amenazó al liderazgo chavista con una segunda ola de ataques y afirmó que los Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta que se “complete una transición segura y democrática”.
¿Cómo piensa gobernar Venezuela? ¿Dispone de recursos internos para hacerlo? ¿o se trata simplemente de una afirmación sin fundamento?
El Secretario de Estado Marco Rubio, se encuentra en contacto directo con la ahora Presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien ha accedido a las condiciones demandadas por los Estados Unidos. Simultáneamente, el líder norteamericano desechó a María Corina Machado: “Ella no tiene ni el respeto ni el apoyo dentro del país”.
La apuesta norteamericana, entonces, es que el chavismo dirija la transición, al menos durante una primera etapa.
Si el poder de Delcy Rodríguez depende de Trump, y la preocupación de Trump es respeto y apoyo interno para garantizar estabilidad, la primera pregunta es entonces ¿tiene Delcy Rodríguez el poder para liderar la transición? ¿cuáles y quiénes representan los principales retos en su camino? Y quizás más importante, ¿tiene la intención de liderar una transición a la democracia o solo aspira a mantener el poder?
La primera variable en los escenarios futuros es la diversidad de actores chavistas. ¿Cómo reaccionarán, cuáles son sus intereses primarios, y cuáles son sus herramientas o recursos de poder?
A partir de ellos, los principales escenarios políticos varían entre dos polos opuestos: cohesión interna vs. lucha por el poder.
Sin perro no hay sarna. El olvido de Damocles
En el escenario cohesión interna, el alto mando político chavista asume de forma colectiva el poder, con Delcy Rodríguez como cabeza visible. Se apegan a la Constitución como carta de referencia para transitar la crisis.
Los radicales se contienen y minimizan sus demandas. Al menos momentáneamente. Quienes se oponen son neutralizados, con apoyo de los Estados Unidos.
Mención especial merecen los líderes chavistas sancionados y acusados de narcotráfico por los Estados Unidos. Son ellos los principales sospechosos de levantarse en contra de cualquier cambio, por cosmético que sea. En segundo lugar, se encuentran los grupos armados más beligerantes.
El escenario de cohesión demanda cierto conflicto. Si todas las amenazas son rápidamente neutralizadas, un líder con control y apoyo interno no es necesario. Por ello, este escenario requiere niveles de conflicto que sólo el chavismo pueda contener, y con ello, justificar en el imaginario trumpista, su continuidad.
La imagen de ingobernabilidad post Delcy, podría servir también para mantener el control electoral. ¿Podría Trump aceptar elecciones con candidatos inhabilitados? Es decir, ¿aceptaría Trump un filtro de candidaturas que prohíba la participación de candidatos que, de ganar, puedan generar un escenario de inestabilidad política?
Todo apunta a que en este escenario, el discurso opositor que construyó la imagen del chavismo como una organización criminal internacional, se revierte como búmeran contra su propio liderazgo, facilitando una alianza entre el chavismo postmadurista y el trumpismo. Estabilidad por continuidad, petróleo por poder.
Nada de esto implica que no se registren avances en materia política y económica. Liberación de presos políticos, cierre de los centros de torturas, concesiones petroleras ilimitadas.
Una primera prueba en la consolidación y avance del poder de Delcy Rodríguez y de la cohesión de la cúpula chavista tendrá lugar durante la toma de posesión de la Asamblea Nacional el próximo lunes 05 de enero de 2026, donde sería de esperar que se elija como presidente del poder legislativo a un líder de confianza. Y nada más confiable que la sangre.
Por supuesto, este escenario es insostenible en el largo plazo, si el chavismo no logra superar la mutua desconfianza generada por la traición que entregó al hijo predilecto de Chávez. Apaciguar los ánimos y olvidar que la afilada espada sobre sus cabezas pende de una única crin de caballo.
Caos unleash: la lucha por la supervivencia
Al polo opuesto, se encuentra el escenario del caos. La recién juramentada presidenta Delcy Rodríguez no logra contener los demonios. Las expectativas se desatan y la mutua desconfianza vence. La alianza cívico-militar-policial se quiebra.
Frente a las infinitas islas que componen el archipiélago chavista, dos facciones aspiran al poder, mientras las infinitas viejas cuentas buscan ser saldadas.
De un lado, el mundo militar, del otro, el civil. No parece casual que hayan sido el ministro de defensa y el ministro de interior, los primeros en aparecer tras los ataques norteamericanos.
En la lucha por el poder, el primer obstáculo es la Presidenta encargada. El rápido reconocimiento de su liderazgo por parte de Trump la coloca en primera línea y como objetivo, casi simbólico. Delcy, Judas, la traidora que entregó al hijo de Chávez. A ella le siguen sus aliados y colaboradores cercanos.
Puesto que ninguna de las facciones dispondrían de vías legales para acceder y mantener el poder, al menos momentáneamente, implicaría necesariamente una ruptura del hilo constitucional chavista. Vacío de poder y decreto de emergencia.
Los grupos en disputa, sin embargo, tienen enemigos comunes. El antinorteamericanismo es el lenguaje común de legitimación. Podría esperarse una situación extrema en la que la persecución de traidores y colaboracionistas se transforme en la ruta al poder.
Se trata de un escenario de completa inestabilidad. Enfrentamiento entre múltiples grupos de poder que transforman la capital en un campo de batalla. La participación norteamericana, en este escenario es muy limitada. Operaciones que no comprometan su personal ni equipamiento pueden incorporarse al conflicto. No obstante, la lucha por el poder se da en las trincheras. Un escenario de combate “no convencional”, de desenlace incierto y muy costoso. Especialmente en términos de vidas humanas.
La democracia y el búmeran radical
La legitimación del liderazgo de Delcy Rodríguez por parte del Presidente Trump sepultó los resultados de las elecciones presidenciales del año 2024. Con ella también intentó deslegitimar a María Corina Machado. Edmundo González, por su parte, ni siquiera fue mencionado.
Orden, estabilidad y los intereses norteamericanos preceden a la democracia en el discurso del 47.
Si la democracia puede encontrar una ruta de retorno a Venezuela, solo lo puede hacer tejiendo alianzas con quienes detenten el poder en Venezuela, pues de momento, el discurso de la Narcodictadura terminó siendo mucho más funcional para Delcy Rodríguez que para María Corina Machado.
Como hemos argumentado en otro lado, criminalizar la política sacó del juego a los actores políticos opositores. Desprestigió a los únicos políticos que intentaban hacer política en Venezuela, al tildarlos de normalizadores. Llevó al exilio, o la cárcel, a quienes decidieron no aprovechar los espacios políticos internos. Ahora, al menos en el futuro inmediato, han quedado anulados durante el primer episodio de la transición. Para la administración de Trump, no son garantía de estabilidad ni están en el país. Cachicamo no sabe para quién trabaja.
La democracia solo tendrá una oportunidad en Venezuela si el discurso político opositor regresa al mundo político. Para ello requiere, en primer lugar, repolitizar al chavismo[3] y reconstruirse como una fuerza que puede garantizar una transición estable, ofreciendo un camino claro y creíble hacia la reconciliación nacional.
No luce sencillo desmontar su propio discurso, pero vale la pena intentarlo. La política, y no sólo venezolana, demanda un discurso radicalmente democrático incluyente, frente a tantos populismos excluyentes. Un discurso radicalmente conciliador, frente a tantos separaciones. Un discurso que supere las décadas de división por la esperanza de un futuro mejor.
[1] Artículo 234. Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más.
Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta.
[2] Artículo 233. Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato.
Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.
Si la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva.
En los casos anteriores, el nuevo Presidente o Presidenta completará el período constitucional correspondiente.
Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar dicho período.
[3] Sobre un análisis político de los crímenes del Nazimo, ver Hanah Arendt (1951) Los Origenes del Totalitarismo; tomo 3. Totalitarismo. En especial la tercera parte, número once. Organización totalitaria, al hacer el análisis de las semajanzas con las sociedades secretas.
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