All in: Nobel, Héroes, Caudillos y Apostadores. La política con excesiva convicción
Por Héctor Briceño.
“(T)oda acción éticamente orientada puede ajustarse a dos máximas fundamentalmente distintas entre sí e irremediablemente opuestas: puede orientarse mediante la ética de la convicción o conforme a la ética de la responsabilidad”.
“Ninguna ética del mundo puede eludir el hecho
de que para conseguir fines ‘buenos’ hay que contar en muchos casos con medios moralmente dudosos, o
al menos peligrosos, y con la posibilidad e incluso la probabilidad de consecuencias laterales moralmente
malas. Ninguna ética del mundo puede resolver tampoco cuándo y en qué medida quedan ‘santificados’
por el fin moralmente bueno, los medios y las consecuencias laterales moralmente peligrosas”.
“La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo demuestra la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta insistentemente lo imposible. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ninguna de las dos cosas han de armarse de esa fuerza de voluntad que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar lo que incluso hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado vil para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un ‘sin embargo’; sólo él tiene vocación para la política”.
Max Weber (1919) La política como vocación
Imagen: Hope of a Condemned Man I, II and III, Joan Miro (1974). Tomada de https://www.artchive.com/artwork/hope-of-a-condemned-man-i-joan-miro-1974/
La entrega del premio Nobel de la Paz 2025 fue un evento histórico para Venezuela que plasmó mundialmente la imagen de un cuarto de siglo de resistencia y lucha por la democracia del pueblo venezolano, en medio de un escenario global de creciente asedio autoritario.
El eco de las palabras del Presidente del Comité del Nobel, Jørgen Watne Frydnes,
“Señor Maduro: Debe aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo”, difícilmente podrán ser superadas en el futuro inmediato por el gobierno chavista. Junto a ellas la ilegitimidad de su mandato corroe su imagen internacional mientras antiguas alianzas se desmoronan.
La semana del Nobel también mostró los límites de la amistad entre el líder estadounidense y la nobel de la Paz. Sabemos que la Misión de extracción de María Corina Machado de Venezuela para asistir a la ceremonia en Oslo, Noruega, contó con apoyo norteamericano, pero fue una empresa privada.
Por otro lado, si la hazaña llenó los noticieros globales, fue rápidamente opacada por la confiscación de un buque petrolero frente a las costas de Venezuela. Sirva como referencia las reseñas en el noticiero estelar alemán del 10 de diciembre: mientras la entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado fue reseñado como la sexta noticia más importante del día, con una extensión de 2 minutos, y la llegada María Corina Machado a la ciudad de Oslo en el tercer lugar del noticiero del 11 de diciembre, con una extensión de 30 segundos, ésta fue precedida en la misma emisión del noticiero por la confiscación del buque petrolero frente a las costas venezolanas por las fuerzas marinas (Guardia Costera) de los Estados Unidos, con una extensión de 2 minutos.
Una semana más tarde, el 17 de diciembre, el Presidente Trump anunció un bloqueo total y completo de barcos petroleros sancionados, designó al régimen venezolano como “organización terrorista extranjera”. Con un tono ambiguo afirmó que no “permitirá que un Régimen hostil tome el petróleo, tierras, y cualquier otro activo, los cuáles deben ser devueltos a los Estados Unidos inmediatamente”, copando nuevamente la agenda informativa global y opacando el reconocimiento de la líder opositora y de la lucha venezolana.
Amigo, enemigo o simplemente narcisista compulsivo herido de envidia por el laurel negado, es claro que Machado evita confrontarlo, limitándose a repetir con tibia indiferencia sumergida en elogios, su apoyo a la estrategia trumpista contra el gobierno de Maduro.
Las diferencias, sin embargo, no pueden ocultarse. La más importante: el discurso en torno a la migración. En rueda de prensa junto a Jonas Gahr Støre, primer ministro de Noruega, María Corina Machado prometió convertir la Venezuela post-transición en un refugio para ciudadanos de todo el mundo. Así, frente una América para los Americanos, propone una Venezuela para todos aquellos en busca de refugio.
La antagonía en el discurso migratorio, sin embargo, encuentra sus fronteras en el delicado y susceptible ego del 47. Frente a las diferencias entre ambos se impone la dependencia cuasi absoluta de la Nobel de la Paz del Presidente Trump y de su estrategia para lograr una transición en Venezuela. Por ello, la ausencia más dolorosa de la noche de entrega del Nobel fue omitir en su discurso la cruel persecución que sufren los migrantes venezolanos en los Estados Unidos.
La omisión, no obstante, es también una concesión. En política toda acción, incluidas la inacción y la omisión, están dotadas de sentido social en la medida en que éstas se construyen sobre las expectativas de los receptores e intérpretes de la acción[1]. Una nobel concesión.
De la ausencia a la esperanza
Pero la semana nobel mostró también una complementariedad discursiva, esta sí explícita e intencional, entre la líder venezolana y el líder norteamericano. Narco-dictadura, crimen y terrorismo internacional son los supuestos iniciales para comprender las prácticas represivas y el control autoritario del régimen chavista. Del diagnóstico se extraen las consecuencias, y éstas justifican la estrategia.
La lógica argumentativa luce perfecta, no obstante, presenta profundas incoherencias (un análisis exhaustivo del discurso lo hemos hecho en otro lado – ver artículo: El novel excepcionalísimo autoritario venezolano), y todas ellas tienen un mismo origen: el tradicional modelo de liderazgo populista mesiánico.
“Así fue como, el 22 de octubre de 2023, contra todo pronóstico, Venezuela despertó”, es la frase que divide en dos el discurso de recepción del premio Nobel: los horrores del régimen y el despertar del pueblo.
El discurso de María Corina Machado, como otros tantos en la tradición política venezolana, divide la historia del país en dos: antes y después de su llegada. El pueblo estaba dormido. Durante un cuarto de siglo dormitando, hasta que finalmente despertó. No por azar. Yo, la luz del alba, de la esperanza. El despertador.
Los protagonistas del discurso son el pueblo oprimido, el gobierno opresor y la líder salvadora. Una frase resume todo esfuerzo anterior a su llegada: “La posibilidad de un cambio se volvió una ingenuidad o una locura”. Lunáticos, tontos útiles o traidores.
El novel diagnóstico político ha logrado total hegemonía y su descenlace la única opción lógica. Por lo que su cuestionamiento es síntoma de estupidez, colaboracionismo, o su delicado sinónimo: normalización. Lunáticos, tontos útiles o traidores.
En el medio del discurso se entrelaza una descripción del régimen autoritario a partir de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos, la persecusión política, su inescrupulosa crueldad, la corrupción estructural, sus viculaciones con el crimen organizado, las redes del autoritarismo global y su desprecio hacia la democracia, con la tradicional antipolítca.
Narcotráfico, crimen y terrorismo internacional, extraen la lucha por la democracia de la esfera política. Criminalizan la política y demandan actores no políticos. Es el turno de los super héroes, militares, policías, mercenarios, empresarios o cualquier otro disrruptor. Cualquiera menos políticos.
La antipolítica es un viaje en el tiempo. Volver al pasado. Un retorno al discurso que llevó a Venezuela hasta donde se encuentra hoy. La historia se repite… siempre como tragicomedia.
Pero si el diagnóstico es errado y sus consecuencias incomprendidas, no carece de fortalezas. La principal de ellas, su profunda carga emocional: la esperanza que emana de la idea de la reunificación de un pueblo que ha sido dividido durante años por un régimen autoritario.
La imagen de reencuentro que inspira el discurso de la Nobel de la Paz está representada en la ausencia de quienes se han visto obligados a abandonar el país, el vacío que dejan y la soledad de quienes los vieron partir:
“La migración forzada, que buscaba fracturarnos, terminó uniéndonos en torno a un propósito sagrado: reunir a nuestras familias en nuestra tierra.
Muchos abuelos me confesaron que su mayor miedo era morir sin conocer a sus nietos que vivían en el exterior. Niñas, con voces demasiado tenues para tanto dolor, me pedían que trajera de vuelta a sus madres y hermanos dispersos por el mundo. Nuestro dolor se unió en un solo latido: traer a nuestros hijos de regreso a casa”.
El reto de representar a los ausentes no es nuevo. Tampoco despertó con liderazgo de María Corina Machado. De hecho, lo analicé hace más de 6 años en un artículo cuyo título era precisamente La voz de los ausentes: la crisis migratoria venezolana y sus consecuencias, el cual concluía con la siguiente reflexión:
“La crisis migratoria presenta varios retos para la lucha democrática, y el primero de ellos es hacer converger el vacío de la ausencia y su desesperanza con las demandas de los que quedan.
En los últimos 20 años ha habido un quiebre entre la protesta social y política que ha sido imposible de superar por los sectores políticos que se oponen al chavismo. Por ello, quizás el principal reto opositor es convertir las migraciones en una bandera de lucha, incorporando la voz de los ausentes: ¿por qué se fueron los que se fueron? ¿qué podemos hacer para que vuelvan?”.
María Corina Machado logró exactamente eso: incorporó la voz de los ausentes como epicentro de su discurso político, resignificando la ausencia en la ilusión de reencuentro, llenando el vacío de esperanza.
A partir de ella construyó una profunda conexión emocional con el pueblo, situándose a sí misma en el medio del pueblo, logrando la total comunión entre líder-Pueblo: “Yo soy simplemente una más de las millones de madres que desean volver a abrazar a sus hijos, y que no lo pueden hacer. Eso nos une”.
La idea de pueblo se construye así, no a partir de un significante vacío (Laclau) sino a partir del propio vacío. La representación de los ausentes.
Del discurso de poder al poder del discuso
En el plano de la legitimidad internacional, el discurso político de María Corina Machado tiene repercusiones innegables, difíciles de superar mientras Maduro permanezca en el poder. Su imagen se ha elevado sobre las alturas, y simultáneamente, descendió hasta situarla en medio del pueblo. Sin embargo, la distribución de poder internamente luce aparentemente inalterada. Al menos entre polos políticos.
Internamente el chavismo mantiene el férreo control de los poderes públicos, de los recursos económicos, la total hegemonía comunicacional en medios tradicionales, los organismos de represión y administración de la violencia institucional y extrainstitucional. Tradicionalmente, las escaladas del conflicto suelen congelar los apoyos populares, deteniendo el trasvase, por lo que es esperable que se mantenga inalterado.
Sus recursos internacionales se han debilitado más aún luego de la semana nobel. Sin embargo, ninguna tendencia nueva ha aparecido. Sus antiguos aliados en la región aprovechan la presión para declarar, ahora sí, abiertamente su desagrado, buscando quizás indulgencia del líder norteamericano. Las declaraciones del Presidente colombiano, Gustavo Petro, son una muestra clara de ello.
Por su parte, el apoyo nominal de Rusia y China se mantiene, aunque se recalibran para evitar confrontar con un impredecible Trump, mientras que el apoyo de Cuba, más beligerante, ve en la amenaza a Venezuela también una amenaza para su propia supervivencia económica y política.
Al otro lado, el principal activo opositor es el apoyo popular, la legitimidad del liderazgo político y la expectativa de cambio. A ellos se suma el dominio comunicacional en los medios no tradicionales. Sin embargo, todos los recursos de poder opositores en el país se encuentran limitados por los mecanismos de control y represión interna del régimen chavista, así como por la profundidad de la división interna opositora.
En el plano internacional la oposición, reducida a María Corina Machado, goza de absoluta legitimidad frente a la comunidad democrática, pero la pregunta central sigue siendo difícil de responder: ¿cuál es la capacidad real de transformar esta legitimidad en incidencia? ¿de influir en la toma de decisiones de actores internacionales, muy especialmente, en el liderazgo de los Estados Unidos? ¿de transformar la legitimidad del discurso en poder?
Hegemonía externa, ¿división interna?
Si la semana nobel ha alterado la balanza ligeramente de los recursos de poder entre bloques a favor de la oposición, el efecto intra-bloques es, hasta el momento, distinto.
Si bien la duda crece en las bases económicas chavistas, especialmente frente a la previsible caída de ingresos petroleros producto del bloqueo de buques sancionados, el impacto final tendrá que esperar unas cuantas semanas o incluso meses más, y dependerá de la capacidad del chavismo de desarrollar, junto a sus aliados internacionales, nuevos mecanismos para evadir los obstáculos petroleros. Una empresa, por cierto, de intereses que desbordan las fronteras nacionales y regionales.
Por su parte, las bases político-sociales que sostienen al chavismo no han dado muestra de fracturas internas, al contrario, es de esperar que la cohesión aumente aún más ante un probable ataque extranjero. Tanto más luego del confuso mensaje del Presidente Trump sobre la propiedad de la tierra y el petróleo robado (¿?) a los Estados Unidos. Élites militares y grupos armados, principales obstáculos de una posible transición, reaccionan de momento bajo las coordenadas en las que han sido formados.
En este sentido, la principal limitación de esta hipótesis materialista, según la cual una crisis económica extrema generará una crisis política, que a su vez derivará en una inevitable fractura interna, se encuentra en la absoluta ausencia de un diagnóstico ideológico.
¿Cuán dogmáticos son los pilares que sostienen al chavismo? ¿Cuán dispuestos a limitar su beneficio económico y posponer un eventual conflicto por la distribución de beneficios, y priorizar la continuidad en el poder? ¿Cuáles son los límites ideológicos?
La historia reciente prueba lo desacertada de la hipótesis y nos ofrece una referencia temporal. El chavismo no solo sobrevivió al menos cuatro años, entre 2017 y 2021, por mucho la peor crisis económica reciente, sino que salió fortalecido de ella, aprovechándola para depurase internamente.
Irónicamente, los costos económicos y sociales no los pagó la élite chavista, sino la gran mayoría del pueblo venezolano. Y los costos políticos la élite opositora.
Por su parte, la oposición vio la consolidación de la hegemonía absoluta del liderazgo de María Corina Machado durante la semana nobel. Cualquier voz alternativa ha sido silenciada, generando una ilusión de total unidad opositora.
Sin embargo, la división interna ha alcanzado su punto máximo, en un momento en que confluyen la hegemonía del liderazgo personalista con la desaparición del único espacio de encuentro, coordinación y negociación interna opositora, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD). Con la división del liderazgo, se dividen también los recursos de lucha política entre los que están afuera y los que permanecen adentro, debilitando al bloque en su totalidad.
Balance final. All-in.
En resumen, la semana nobel tuvo un importante impacto comunicacional. Visibilizó en la apretada agenda global la crisis política venezolana, generando grandes expectativas sobre la posibilidad de un cambio político. El protagonismo de la nobel y de la lucha por la democracia en Venezuela, sin embargo, fue rápidamente opacado por las acciones del líder norteamericano respecto Venezuela. ¿Cuál es el interés de Trump en Venezuela? o más directamente ¿quiere apropiarse Trump del petróleo venezolano?, es la pregunta repetida en medios globales. Nadie pregunta por la democracia o la lucha del pueblo venezolano.
La legitimidad internacional del gobierno de Maduro ha sido herida, quizás permanentemente. A largo plazo luce un nudo irresoluble, aunque en el muy corto plazo no hay señales, hasta el momento, de una alteración en la distribución de poder.
Internamente el gobierno parece mantenerse cohesionado frente a la presión externa, siendo el sospechoso interés del líder norteamericano en Venezuela su principal incentivo.
La legitimidad de la oposición venezolana ha sido la gran victoriosa de la jornada. Tanto interna como internacionalmente María Corina Machado se ha convertido en la imagen de referencia de la lucha contra el autoritarismo chavista.
Sin embargo, tras la imagen de legitimidad se esconden inmensos retos y conflictos opositores, en especial la división interna y un diagnóstico político con grandes desaciertos, a los que se suman, los sospechosos habituales: la antipolítica y el populismo.
Las consecuencias de la semana nobel están aún por escribirse. Serán lo que los actores políticos, nacionales e internacionales, saquen de ella. De lo que no cabe duda alguna es que se trata de la apuesta más grande que hemos visto en la política venezolana reciente. Y quizás la última gran apuesta. Todos los huevos están en la cesta. All-in.
[1] En palabras de Max Weber: “Por 'acción' debe entenderse una conducta humana (bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto (…) de la acción enlace a ella un sentido subjetivo. La 'acción social', por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por el sujeto (…) está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo (…) La acción social (incluyendo tolerancia u omisión) se orienta por las acciones de los otros, las cuales pueden ser pasadas, presentes o esperadas como futuras (venganzas por previos ataques, réplica a ataques presentes, medidas de defensa frente a ataques futuros). Los ‘otros’ pueden ser individualizados y conocidos o una pluralidad de individuos indeterminados y completamente desconocidos”.
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